Capítulo 3: El Primer Resistente

Autor: sihugarray@gmail.com Libro: ZARSHA EL ENIGMA DE LOS CIELOS Publicado: 18 Sep 2025
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En medio del caos, cuando todos parecían rendirse al embrujo de la Gula, hubo uno que no se dejó arrastrar tan fácilmente.

Su nombre era Efraín, un joven aprendiz de escriba. Mientras sus vecinos se lanzaban sobre los platos interminables y sus amigos celebraban el festín sin final, él observaba en silencio, con el ceño fruncido. Había algo en aquella abundancia que le resultaba monstruoso.

—No es alimento… —susurraba para sí mismo—. Es veneno disfrazado.

Lo había notado desde el principio: la mirada vacía de quienes comían sin parar, la manera en que sus cuerpos parecían hincharse y agotarse, como si cada bocado robara más de lo que entregaba. Nadie parecía darse cuenta de que su fuerza se consumía, de que la risa se volvía desesperación.

Efraín recordó las palabras de su abuelo, un anciano que hablaba de los Siete Demonios del Deseo, seres que habitaban en la oscuridad esperando que la humanidad les abriera la puerta. Uno de ellos, decía, era la Gula: “El hambre que no tiene estómago, el apetito que devora el espíritu.”

Esa noche, cuando la ciudad entera se entregaba al banquete, Efraín se refugió en la biblioteca del templo. Allí, bajo el titilar de una lámpara de aceite, buscó entre los manuscritos olvidados. Y encontró lo que temía: un texto antiguo, escrito en una lengua áspera, que narraba cómo, siglos atrás, la Gula había despertado y arrasado reinos enteros.

Las últimas líneas estaban manchadas, casi ilegibles, pero pudo descifrar una advertencia:

“Quien resista la tentación será perseguido.
Quien rechace el alimento maldito, será marcado.
Y solo aquel que enfrente el hambre con vacío en el corazón podrá sellar al demonio.”

Un escalofrío recorrió su espalda. Ya no había duda: resistirse no lo salvaría… lo convertiría en el objetivo de la Gula.

Pero alguien debía hacerlo.

Alzó la mirada hacia la ciudad, donde los gritos de placer y desesperación se mezclaban en un eco insoportable. Y supo que, desde ese momento, su vida ya no le pertenecía: había sido escogido como el primer resistente.

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